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Domingo, diez de la noche. Pablo deja preparada la ropa para el lunes y siente lo mismo de cada semana: no es que su trabajo sea horrible, es que no sabe para qué sirve. Ocho horas de correos, reuniones y tareas que nadie va a recordar. Tiene una vida razonablemente cómoda y aun así hay una pregunta que no se va: «¿esto era todo?».
El hombre en busca de sentido, de Viktor Frankl, nació en un lugar incomparablemente más duro que una oficina, y conviene decirlo desde el principio. Pero es uno de los libros que mejor responden a esa pregunta, y por eso, casi ochenta años después, lo sigue leyendo gente que nunca ha vivido nada parecido a lo que vivió su autor.
El libro en pocas líneas

- Título: El hombre en busca de sentido.
- Título original: Ein Psychologe erlebt das Konzentrationslager (1946). En inglés se publicó como Man’s Search for Meaning.
- Autor: Viktor E. Frankl, neurólogo y psiquiatra vienés, fundador de la logoterapia.
- Edición en español: Herder, con un prefacio del psicólogo Gordon W. Allport.
- De qué va: Frankl cuenta lo que observó, como psiquiatra y como prisionero, en los campos de concentración nazis, y a partir de ahí explica su idea central: lo que más mueve al ser humano es encontrar un sentido a su vida.
Quién era Viktor Frankl
Frankl era un psiquiatra joven y con una carrera prometedora en Viena cuando, en plena Segunda Guerra Mundial, fue deportado por ser judío. Pasó por varios campos de concentración, entre ellos Auschwitz, y perdió en ellos a buena parte de su familia. En el libro se presenta como «el prisionero número 119.104», y deja claro que no estuvo allí como médico, sino como un preso más, la mayor parte del tiempo cavando y tendiendo vías de tren.
Después de la liberación volvió a Viena, siguió ejerciendo y desarrolló la logoterapia, conocida como la tercera escuela vienesa de psicoterapia, después de las de Freud y Adler. Si quieres saber más sobre su vida y su obra, el Instituto Viktor Frankl de Viena tiene una biografía detallada.
Cómo está organizado
El libro tiene dos partes muy distintas.
La primera, «Un psicólogo en un campo de concentración», es la más larga y la más conocida. Frankl no hace una crónica de horrores, sino algo más difícil: intenta entender qué pasa por dentro de una persona en esa situación. Lo ordena en tres fases: el internamiento, marcado por el shock; la vida en el campo, en la que aparece la apatía como forma de protegerse; y la liberación, que trae sus propias dificultades.
La segunda parte es una síntesis de la logoterapia, su teoría. Es más breve, más técnica y más densa, pero es donde explica las ideas que han hecho famoso el libro.
Las ideas que más se quedan
La última de las libertades
Es la idea más citada del libro. Frankl observó que, incluso cuando a una persona se le ha quitado todo, le queda una cosa: elegir la actitud con la que se enfrenta a lo que le pasa. No lo plantea como una frase de consuelo, sino como algo que vio, día tras día, en personas concretas. No todo depende de nosotros, pero siempre queda un margen para decidir cómo respondemos.
Un porqué sostiene casi cualquier cómo
Frankl cita a menudo a Nietzsche: quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo. En el campo comprobó que quienes tenían algo o alguien esperándoles, una persona querida, una obra por terminar, aguantaban mejor que quienes lo habían perdido todo. Y cuenta también el reverso: cuando esa esperanza se rompía de golpe, las personas se derrumbaban.
La pregunta está al revés
Esta es, para mí, la idea más útil para la vida corriente. Solemos preguntarnos qué podemos esperar de la vida. Frankl propone darle la vuelta: no importa tanto lo que esperamos de la vida como lo que la vida espera de nosotros. El sentido no se encuentra pensando en abstracto, sino respondiendo a lo que tenemos delante: una tarea, una persona, una situación.
Nadie puede decirte cuál es tu sentido
Para Frankl, el sentido es único y cambia con cada persona y cada momento. No hay una respuesta general que valga para todos, y nadie puede encontrarla por ti. Él mismo decía que no lo inventamos, sino que lo descubrimos.
Tres caminos hacia el sentido
Frankl describe tres formas de encontrar sentido: haciendo algo, una obra o un trabajo; viviendo algo o queriendo a alguien; y, cuando no queda otra salida, con la actitud ante el sufrimiento que no se puede evitar. Insiste en esto último: si el sufrimiento se puede evitar, lo sensato es evitarlo. Aguantar lo evitable, dice, sería masoquismo, no heroísmo.
El vacío existencial
En la segunda parte, Frankl describe un malestar muy de nuestro tiempo: la sensación de vacío de quien ya no tiene tradiciones que le digan qué hacer y a veces ni siquiera sabe qué le gustaría hacer. Según él, ante ese vacío hay dos salidas falsas: hacer lo que hacen los demás o hacer lo que los demás quieren que hagas. Es una descripción muy certera de muchas vidas que funcionan en piloto automático.
La autorrealización no se busca de frente
Otra idea que choca con mucho de lo que se lee hoy: para Frankl, la felicidad y la autorrealización no se consiguen persiguiéndolas directamente. Llegan como consecuencia de entregarse a algo o a alguien que está fuera de uno mismo.
Lo que el libro puede decirle a un introvertido
Frankl no escribió nada sobre introversión, así que lo que sigue es mi lectura, no la suya. Si no tienes claro qué significa ser introvertido, lo explico en qué es un introvertido.
Hay un pasaje que a un lector introvertido le llamará la atención. Frankl observó que las personas con una vida interior rica, aunque físicamente sufrían igual o más, conservaban mejor su mundo de dentro: podían refugiarse en él. No hay que sacar de ahí ninguna conclusión fácil, y menos sobre un lugar como aquel. Pero sí recuerda algo que a veces olvidamos: la vida interior que tantas veces nos reprochan, «estás en tu mundo», también es un recurso.
La idea del vacío existencial también resuena. Muchos introvertidos han pasado años intentando parecerse a los demás, apuntándose a planes que no les llenaban o persiguiendo un tipo de éxito que no iba con ellos. Las dos salidas falsas que describe Frankl, hacer lo que hacen los demás o lo que los demás quieren, son justo eso. Susan Cain lo describe muy bien en El poder de los introvertidos. La pregunta que propone, qué espera la vida de ti, en concreto, es mucho más útil que intentar ser otra persona. Va en la misma línea que lo que cuento en amor propio.
Y hay un matiz que conviene a quien busca, con razón, una vida tranquila. Frankl advierte de que una vida sin ninguna tensión no es la meta: para él, la salud tiene que ver con cierta distancia entre lo que ya hemos logrado y lo que todavía queremos lograr. Proteger tu energía, como explico en batería social, no está reñido con tener algo por lo que merezca la pena gastarla.
Lo mejor y lo que flojea
Lo mejor:
- La primera parte es un testimonio extraordinario, contado con una contención y una lucidez que impresionan.
- Plantea una pregunta que sirve a cualquiera, en cualquier situación: ¿para qué?
- Es breve. Se lee en pocas tardes y se relee durante años.
- No promete felicidad: habla de sentido, que es otra cosa y probablemente más sólida.
Lo que flojea:
- La primera parte es un testimonio, no un estudio. Frankl lo reconoce: avisa de que sus juicios pueden no ser del todo objetivos y deja a otros la tarea de sacar teorías de su experiencia.
- La logoterapia es la teoría del propio Frankl construida sobre su propia experiencia, y eso hace difícil separar una cosa de la otra.
- La segunda parte es mucho más técnica y a ratos se hace árida, sobre todo después de la intensidad de la primera.
- Tiene un lenguaje de 1946 y algunos pasajes con un tono espiritual que no a todo el mundo le encaja.
¿Para quién es este libro?
Te va a servir si sientes que vas por la vida en piloto automático, si estás en un momento de cambio o de pérdida, o si te preguntas para qué haces lo que haces. También si te interesa la psicología y quieres leer uno de los textos que más han influido en ella.
Conviene saber que la primera parte es dura. No es un libro morboso, pero cuenta lo que cuenta, y hay momentos en los que hace falta parar.
Y si lo que sientes es un agotamiento que no se pasa, más que una falta de sentido, puede que te interese antes lo que explico sobre el burnout. Si el vacío te dura mucho o te pesa en el día a día, lo mejor es hablarlo con un profesional.
Volviendo a Pablo y a su domingo por la noche: Frankl no le diría que dejara su trabajo, ni que se esforzara en ser feliz. Le haría otra pregunta: no qué espera él de la vida, sino qué le está pidiendo la vida a él, mañana, en concreto. Puede que la respuesta esté en el trabajo, en otro trabajo que encaje mejor con él, como los que reúno en trabajos para introvertidos, o fuera de él, en una persona, en algo que lleva años queriendo hacer. Lo importante es que la pregunta cambia de dirección. Tienes más libros como este en la biblioteca de Alejandría y en mi selección de los mejores libros de crecimiento personal.
Preguntas frecuentes sobre El hombre en busca de sentido
¿De qué trata El hombre en busca de sentido?
De lo que Viktor Frankl vivió y observó como prisionero en los campos de concentración nazis y de la teoría que desarrolló después, la logoterapia. Su idea central es que lo que más mueve al ser humano es encontrar un sentido a su vida.
¿Cuál es el mensaje principal del libro?
Que siempre conservamos la libertad de elegir nuestra actitud ante lo que nos pasa, y que quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo. El sentido no se inventa: se descubre respondiendo a lo que la vida nos plantea.
¿Qué es la logoterapia?
Es la escuela de psicoterapia que fundó Frankl, centrada en la búsqueda de sentido. Se la conoce como la tercera escuela vienesa de psicoterapia, después del psicoanálisis de Freud y la psicología individual de Adler.
¿Cuáles son las tres fases que describe Frankl?
El internamiento en el campo, marcado por el shock; la vida en el campo, en la que aparece la apatía como forma de protegerse; y la liberación, que trae sus propias dificultades.
¿Vale la pena leer El hombre en busca de sentido?
Sí. Es breve, está muy bien contado y plantea una pregunta que sirve en cualquier momento de la vida. Conviene leerlo sabiendo que la primera parte es un testimonio duro y que la segunda es más técnica.


