Cómo iniciar una conversación siendo introvertido

La forma más fácil de iniciar una conversación siendo introvertido no es buscar una frase brillante, sino hacer una pregunta sencilla sobre algo que la otra persona y tú tenéis delante: el sitio, el evento, la cola en la que estáis, la persona que os ha presentado. Lo que tenéis en común ya está ahí. Solo hay que señalarlo.

Parece demasiado simple, y por eso muchos introvertidos lo descartan. Pasan los minutos buscando algo interesante que decir, y cuando por fin lo tienen, el momento ha pasado. Este artículo va de eso: de cómo dar el primer paso sin tener que inventar nada, qué preguntas funcionan mejor, qué decir según la situación y, algo de lo que casi nadie habla, cómo terminar la conversación cuando ya no te queda energía.

Por qué a muchos introvertidos les cuesta tanto empezar

Muchas personas introvertidas conversan muy bien una vez que la conversación está en marcha. Lo que se les atraganta es el arranque. Hay varias razones.

Arrancar es improvisar. Una conversación ya empezada tiene un hilo que seguir. Empezarla exige sacar algo de la nada, en el momento y sin tiempo para pensar, que es justo lo que más le cuesta a quien prefiere darle una vuelta a lo que va a decir.

Da miedo interrumpir. Muchos introvertidos sienten que acercarse a alguien es meterse en su espacio. Como a ellos les gusta que no les interrumpan, suponen que al otro le pasará lo mismo.

Se busca la frase perfecta. Cuanto más se piensa en cómo empezar, más alto se pone el listón. Y con el listón alto, ninguna frase parece suficiente.

Hay una buena noticia: los estudios sobre cómo anticipamos las conversaciones muestran que casi todo el mundo, sea introvertido o no, imagina el primer minuto bastante peor de lo que luego resulta. Lo contamos con detalle en cómo socializar siendo introvertido sin acabar agotado.

Y si lo que te frena no es la falta de práctica sino un miedo intenso a quedar mal, puede que estés más cerca de la timidez que de la introversión. Son cosas distintas, y lo explicamos en Introvertido o tímido.

La regla de oro: empieza por lo que compartís

La mejor primera frase casi nunca habla de ti ni de la otra persona, sino de lo que tenéis alrededor. Es la forma más natural y menos invasiva de empezar, porque no exige que el otro se abra de golpe.

Algunos ejemplos:

  • En una boda: «¿De qué conoces a los novios?»
  • En una formación: «¿Habías hecho algún curso de esto antes?»
  • En una cola: «Parece que hoy va lento, ¿siempre está así?»
  • En una cena en casa de alguien: «¿Sabes qué lleva esto? Está buenísimo.»
  • En el trabajo, con alguien nuevo: «¿Qué tal estás encontrando la oficina?»

Ninguna de estas frases es ingeniosa, y no hace falta. Su función es abrir la puerta, no impresionar a nadie. Lo interesante viene después.

Las preguntas que mejor funcionan

Abiertas mejor que cerradas

Una pregunta cerrada se responde con sí o no, y la conversación se para. Una abierta invita a contar algo.

  • Cerrada: «¿Te gusta tu trabajo?» Abierta: «¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?»
  • Cerrada: «¿Has estado de vacaciones?» Abierta: «¿Qué tal las vacaciones, a dónde fuiste?»
  • Cerrada: «¿Conoces a mucha gente aquí?» Abierta: «¿Cómo has acabado en este evento?»

Y sobre todo, la segunda pregunta

Aquí está lo que de verdad marca la diferencia, y tiene respaldo. Un equipo de la Universidad de Harvard dirigido por Karen Huang estudió cientos de conversaciones y comprobó que las personas que hacen más preguntas caen mejor. Pero no cualquier pregunta: las que más funcionan son las de seguimiento, las que retoman algo que el otro acaba de decir.

La razón es sencilla. Una pregunta de seguimiento demuestra que has escuchado. Si alguien te dice que acaba de volver de Asturias y respondes «¿y qué tal el tiempo?», está bien. Si respondes «¿qué fue lo que más te gustó de Asturias?», le estás diciendo que te interesa lo que cuenta.

Para un introvertido es una gran noticia, porque escuchar con atención suele ser uno de sus puntos fuertes. No necesitas ser el más gracioso de la conversación, solo prestar atención y preguntar a partir de ahí. Eso sí, los propios investigadores avisan de que el exceso también cansa: una conversación no es un interrogatorio.

No te quedes solo preguntando: comparte algo tuyo

Hay introvertidos que, para no tener que hablar de sí mismos, se pasan la conversación haciendo preguntas. Funciona un rato, pero la conversación se queda coja: el otro lo cuenta todo y no sabe nada de ti.

La cercanía se construye cuando los dos se van abriendo poco a poco. El psicólogo Arthur Aron lo comprobó en un experimento muy conocido: puso a parejas de desconocidos a responder una serie de 36 preguntas que iban de lo más ligero a lo más personal, por turnos, y acabaron sintiéndose mucho más cercanos que las parejas que habían mantenido una charla superficial.

Una de las primeras preguntas de esa lista dice: «Antes de hacer una llamada, ¿ensayas lo que vas a decir? ¿Por qué?». A más de un introvertido le hará sonreír.

No hace falta usar la lista en una fiesta, pero la idea sirve siempre: cuando el otro te cuente algo, comparte algo tuyo del mismo tamaño. Si te cuenta que le encanta la montaña, cuéntale tu última ruta o la que tienes pendiente. Así la conversación avanza a dos.

Qué decir según la situación

En el trabajo

Lo más fácil es empezar por algo de trabajo y dejar que la conversación se abra después. «¿Cómo llevas el proyecto?», «¿Qué tal la reunión de esta mañana?» o «¿Cómo has acabado trabajando en esto?». En los descansos del café sirven las preguntas sobre planes: «¿Haces algo este fin de semana?».

En una fiesta o una boda

Empieza por el anfitrión o por el motivo de la celebración: «¿De qué os conocéis?». Es la pregunta universal de cualquier evento y siempre tiene una respuesta con historia.

Y un truco: busca a alguien que también esté solo. Suele agradecer más que nadie que le hablen.

En clases, el gimnasio o una actividad

Aquí la actividad hace la mitad del trabajo. «¿Cuánto tiempo llevas viniendo?», «¿Qué te pareció el ejercicio de hoy?». Y como os veis cada semana, no hace falta hacerlo todo el primer día: un saludo hoy, una frase la semana que viene y una conversación la siguiente.

Con los vecinos

Un comentario sobre algo del edificio o del barrio basta: la obra de enfrente, el nuevo bar de la esquina, el perro. Los vecinos son el ejemplo perfecto de las relaciones de baja intensidad que suman mucho y cuestan poco.

Por mensaje

Para muchos introvertidos, escribir es más cómodo que hablar, y es una forma totalmente válida de empezar o retomar una relación. Un «Me acordé de ti al ver esto» con un enlace o una foto abre más puertas de lo que parece.

En las aplicaciones de citas, lo que funciona es lo mismo que en persona: comentar algo concreto del perfil del otro en lugar de un «hola, ¿qué tal?». Y si estás del otro lado, intentando saber si a un introvertido le interesas, quizá te sirva cómo saber si un introvertido está interesado en ti.

Lo que dice tu cuerpo antes de que hables

Antes de decir nada, tu cuerpo ya está hablando. Brazos cruzados, mirada en el móvil o el cuerpo girado hacia la salida dicen «no me hables», aunque no sea lo que quieres decir.

No hace falta forzar nada. Basta con levantar la vista del móvil, sostener la mirada un segundo y sonreír un poco cuando alguien se acerca. Si quieres profundizar, lo tienes en nuestra guía de lenguaje corporal.

Si te quedas en blanco

Le pasa a todo el mundo, y casi nadie lo nota tanto como quien lo vive. Algunas salidas:

Vuelve atrás. Retoma algo que el otro dijo antes: «Antes me contabas lo de tu viaje, ¿al final fuiste a Lisboa?». Es una pregunta de seguimiento con retraso, y funciona igual.

Usa el entorno. La música, la comida, el sitio, la gente que acaba de llegar. Siempre hay algo alrededor.

Tira de un esquema. Hay un recurso popular que muchos usan como chuleta: la familia, el trabajo, el tiempo libre y los planes o ilusiones. No tiene nada de científico, pero cuando te quedas sin ideas recuerda los cuatro grandes temas de los que casi todo el mundo quiere hablar.

Dilo. «Perdona, se me ha ido el hilo» es una frase perfectamente normal. A la mayoría de la gente le resulta cercana.

Cómo terminar una conversación

Esta parte importa tanto como la primera, sobre todo para un introvertido, que suele tener la energía contada.

El investigador Adam Mastroianni, de la Universidad de Harvard, estudió cientos de conversaciones y encontró algo sorprendente: solo en torno al 2 % terminaron cuando las dos personas querían. Muchas se alargaban más de lo que alguno de los dos deseaba, y la gente se equivocaba mucho al adivinar cuánto quería hablar el otro. La razón, según los autores, es la educación: nadie quiere parecer brusco, así que nadie dice que quiere irse.

Es decir, si tienes ganas de terminar una conversación, es bastante probable que el otro también. Y aunque no sea así, cerrar con amabilidad está bien. Algunas frases que funcionan:

  • «Me ha encantado hablar contigo. Voy a saludar a [nombre] antes de que se vaya.»
  • «Voy a por algo de beber. Ha sido un placer.»
  • «Me tengo que ir ya, pero me apunto lo de [tema]. Ya me contarás.»

Cerrar retomando algo de la conversación deja muy buen sabor, y además deja la puerta abierta para la próxima vez.

Errores frecuentes al empezar

Algunos tropiezos se repiten mucho cuando cuesta iniciar una conversación. Conocerlos ayuda a evitarlos.

Esperar el momento perfecto. No existe. Si esperas a que el otro termine de hablar con alguien, a que deje el móvil y a que te mire, el evento habrá terminado. Un buen momento suele bastar.

Abrir siempre con «¿a qué te dedicas?». No es una mala pregunta, pero es la que todo el mundo hace, y a mucha gente le aburre contestarla por enésima vez. Y si el otro está en paro o no le gusta su trabajo, puede ser incómoda. Mejor guardarla para más adelante.

Hablar de más por los nervios. Algunos introvertidos, cuando por fin arrancan, sueltan de golpe todo lo que llevaban pensado. Si te pasa, haz una pausa y devuelve la pelota con una pregunta.

Empezar con una queja. «Qué calor hace aquí» o «vaya música más mala» funcionan a veces, pero tiñen la conversación de negatividad desde el primer segundo. Es mejor un comentario neutro o positivo sobre lo mismo.

Esconderse en el móvil. Es el refugio natural cuando no sabes qué hacer, pero manda una señal muy clara: no estoy disponible. Si necesitas un respiro, mejor salir un momento que quedarte en medio de la sala mirando la pantalla.

Cómo practicar sin agotarte

Iniciar conversaciones es una habilidad, y como cualquier habilidad mejora con la práctica. La clave para un introvertido es practicar en situaciones de poco riesgo y poco gasto.

Un buen comienzo es una sola conversación pequeña al día: el camarero de la cafetería, el compañero de la máquina de café, la vecina del ascensor. Treinta segundos, una pregunta de seguimiento y una despedida amable. Al cabo de unas semanas, el primer paso deja de parecer una montaña.

Puede que veas a gente extrovertida que lo hace sin pensar y te compares. No hace falta. Lo que a ellos les sale solo, tú puedes hacerlo igual de bien con un poco de práctica, aunque te cueste algo más de energía. Si quieres entender por qué a unos les cuesta y a otros no, lo explicamos en introvertidos y extrovertidos: las verdaderas diferencias explicadas por la psicología. Y si alguna vez te han dicho que pareces extrovertido aunque te sientas introvertido, quizá te reconozcas en qué significa ser un introvertido extrovertido.

Preguntas frecuentes

¿Qué digo para iniciar una conversación con un desconocido? Algo sobre lo que tenéis en común en ese momento: el sitio, el evento o lo que está pasando. Por ejemplo: «¿De qué conoces a los anfitriones?» o «¿Habías estado antes aquí?».

¿Cómo evito que la conversación se muera a los dos minutos? Con preguntas abiertas y, sobre todo, con preguntas de seguimiento sobre lo que el otro acaba de contar. Y compartiendo algo tuyo de vez en cuando, para que no parezca un interrogatorio.

¿Es mejor empezar hablando o preguntando? Preguntando, casi siempre. Una pregunta sencilla invita al otro a participar y te quita la presión de tener que contar algo interesante.

¿Cómo salgo de una conversación sin quedar mal? Con una frase amable y concreta: agradece la charla, di a dónde vas y, si puedes, retoma algo que hayáis hablado. Lo más probable es que el otro también estuviera pensando en cómo terminar.

Un reto para esta semana

Elige una situación de tu semana que se repita: el café de la mañana, la clase del jueves, el ascensor. Y propónte una sola cosa: una pregunta sobre lo que tenéis delante y una pregunta de seguimiento. Nada más. No hace falta que la conversación dure, ni que sea brillante. Solo que empiece.

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