¿Cómo dejar de ser introvertido?

Imagina que alguien buscara en Google: “¿Cómo dejar de tener los ojos marrones?”

¿Suena absurdo, verdad?

Pues eso es exactamente lo que ocurre cuando alguien escribe: “¿Cómo dejar de ser introvertido?”

La introversión no es un error de fábrica.

No es una enfermedad.

No es algo que debas “curar” ni una fase que tengas que “superar”.

Es un rasgo de personalidad, tan natural como ser zurdo o tener el pelo rizado.

El problema no es ser introvertido. El problema es que te hayan hecho creer que lo es.

Vivimos en una sociedad que glorifica lo visible:

Los que hablan más alto.

Los que están cómodos en el centro de atención.

Los que llenan silencios aunque no tengan nada que decir.

Desde pequeños, se premia a los “participativos”, a los “extrovertidos”, a los “líderes naturales” que levantan la mano en clase o dominan las reuniones.

Mientras tanto, al niño o la niña que prefiere observar, pensar antes de hablar o trabajar en silencio se le tilda de tímido, raro o antisocial.

Y ahí empieza el veneno:

“Deberías hablar más”

“Tienes que soltarte”

“Así no vas a llegar lejos”

Pero no hay nada malo contigo. Lo que está mal es el guión que nos han vendido.

¿Se puede dejar de ser introvertido?

Técnicamente: no.

Psicológicamente: tampoco.

Y, por suerte, no hace falta.

La introversión no es una condena ni una limitación.

Es simplemente una forma diferente de procesar el mundo.

Los introvertidos recargan su energía en la soledad, necesitan tiempo para pensar antes de actuar, y prefieren la profundidad a la superficialidad.

Eso no los hace peores.

De hecho, en muchos contextos… los hace mejores.

Como explica Jennifer Kahnweiler en El líder introvertido, los introvertidos tienen una fuerza tranquila que, bien entendida, puede ser increíblemente poderosa en el trabajo, en el liderazgo y en la vida personal. Su proceso de las 4 Ps (Preparación, Presencia, Empuje y Práctica) no enseña a “convertirse” en extrovertido, sino a usar las fortalezas naturales del introvertido de forma estratégica.

Entonces… ¿qué deberías hacer?

Si has llegado hasta aquí buscando cómo dejar de ser introvertido, tengo algo mejor para ti.

No necesitas dejar de serlo.

Necesitas entenderte. Aceptarte. Aprovecharte.

Te propongo tres pasos mucho más efectivos que intentar forzarte a ser alguien que no eres:

1.  Reescribe tu historia personal

Empieza por borrar la idea de que eres “menos” por no ser el alma de la fiesta.

Eres analítico, profundo, sensible, observador.

Tu cerebro procesa más información por segundo y eso te hace pensar antes de hablar.

Eso es un superpoder, no una debilidad.

2.  Reconoce tus zonas de recarga

Un extrovertido se recarga entre gente.

Tú lo haces en silencio, en soledad, en un entorno sin ruido ni interrupciones.

No te juzgues por necesitar descanso social. Es tu forma de mantener tu batería cargada.

3.  Crea un entorno que respete tu energía

Busca trabajos, amistades y relaciones que respeten tu ritmo.

Diseña tu agenda para incluir pausas.

Pide tiempo para pensar antes de responder.

No es que debas adaptarte tú al mundo: el mundo también puede adaptarse a ti.

La verdadera libertad es ser tú sin pedir perdón por ello

¿Y si en lugar de preguntarte cómo dejar de ser introvertido, empezaras a preguntarte esto?

¿Cómo puedo vivir mejor siendo quien realmente soy?

Esa es la pregunta correcta.

Y tiene respuestas mucho más útiles:

  • Aprende a comunicar tus ideas de forma que se escuchen sin tener que gritar.
  • Encuentra formas de networking que se adapten a ti (como las propone Susan Cain en El poder de los introvertidos).
  • Crea rutinas que te permitan tener el espacio mental que necesitas.
  • Rodéate de personas que valoren tu calma, tu escucha y tu profundidad.

¿Y si ser introvertido fuera justo lo que te hace especial?

Mira la historia, hay cientos de famosos introvertidos:

Albert Einstein, Mahatma Gandhi, Rosa Parks, J.K. Rowling, Barack Obama.

Todos ellos son o fueron conocidos por su naturaleza introvertida.

Y todos dejaron huella en el mundo.

Así que no, no necesitas “arreglarte”.

Necesitas reconciliarte contigo mismo.

Conclusión

No puedes dejar de ser introvertido…

…pero puedes dejar de sentirte mal por serlo.

Y eso es lo que realmente importa.

Porque en un mundo que no para de hablar, el que sabe escuchar tiene ventaja.

En un mundo que corre sin sentido, el que se detiene a pensar tiene el poder.

Y en un mundo que idolatra el ruido, la voz calmada que habla con intención, brilla más que mil gritos vacíos.

Así que la próxima vez que te preguntes “¿cómo dejar de ser introvertido?”…

…recuerda esto:

No lo dejes.

Abrázalo.

Hazlo tuyo.

Y conviértelo en tu mayor fortaleza.

soy introvertido

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