Cómo convivir con una pareja extrovertida

Cuando uno necesita silencio para recargar energía y el otro necesita personas, el problema no suele ser la personalidad. Suele ser la forma de interpretarla.

Una de las preguntas que más me hacen cuando alguien descubre que soy introvertido es si resulta difícil convivir con una pareja extrovertida.

La respuesta corta es que depende.

No depende tanto de si uno es introvertido y el otro extrovertido, sino de si ambos entienden cómo funciona el otro.

Porque cuando no lo entienden, empiezan los malentendidos.

El introvertido piensa que su pareja siempre necesita escapar de casa.

El extrovertido siente que su pareja nunca tiene ganas de hacer nada.

Uno cree que el otro le está rechazando.

Y el otro piensa exactamente lo mismo.

Lo curioso es que, la mayoría de las veces, ninguno de los dos tiene razón.

No necesitáis las mismas cosas para sentiros bien

Uno de los mayores errores que cometemos en una relación es asumir que la otra persona necesita lo mismo que nosotros para ser feliz.

Si a mí me relaja pasar un domingo tranquilo en casa, doy por hecho que a mi pareja también debería gustarle.

Si mi pareja disfruta reuniéndose con amigos, puede pensar que eso también debería apetecerme a mí.

Y cuando no ocurre, empezamos a buscar explicaciones.

“Ya no quiere salir conmigo.”

“Prefiere estar con otras personas.”

“Siempre tengo que insistir para hacer algo.”

“Cada vez se aísla más.”

Lo que muchas veces estamos interpretando como una falta de interés no es más que una diferencia en la forma de recuperar energía.

Para una persona extrovertida, pasar tiempo con otras personas suele ser una fuente de energía.

Para una persona introvertida, después de un día intenso o de una semana llena de estímulos, estar un rato a solas puede ser exactamente lo que necesita para volver a sentirse bien.

Ninguna de las dos opciones es mejor.

Simplemente son diferentes.

No todo es personal

Creo que esta ha sido una de las lecciones más importantes que he aprendido.

Cuando una persona introvertida necesita estar sola, normalmente no está huyendo de su pareja.

Está intentando volver a encontrarse consigo misma.

Del mismo modo, cuando una persona extrovertida propone salir o quedar con amigos, normalmente no está intentando escapar de casa.

Simplemente está buscando la forma en la que su cerebro recarga energía.

El problema aparece cuando interpretamos esas necesidades desde nuestro propio punto de vista.

El introvertido puede pensar:

“Si quisiera estar conmigo, no necesitaría quedar con tanta gente.”

Mientras que el extrovertido puede llegar a pensar:

“Si disfrutara de mi compañía, tendría más ganas de salir.”

Los dos están interpretando una necesidad biológica como si fuera un mensaje emocional.

Y no son lo mismo.

Amar a alguien no significa funcionar igual

Existe una idea muy romántica que dice que las parejas compatibles quieren hacer siempre las mismas cosas.

La realidad suele ser bastante distinta.

Hay parejas que llevan décadas juntas y siguen teniendo aficiones completamente diferentes.

Una disfruta organizando cenas con amigos.

La otra prefiere leer un libro en el sofá.

Una necesita viajar constantemente.

La otra encuentra la paz pasando un fin de semana en casa.

Eso no significa que exista menos amor.

Significa que existen dos personas distintas.

Cuando intentamos que nuestra pareja funcione exactamente igual que nosotros, dejamos de querer a la persona que tenemos delante y empezamos a querer una versión imaginaria de ella.

Y esa comparación siempre acaba generando frustración.

El equilibrio rara vez consiste en ir siempre al cincuenta por ciento

Muchas personas hablan del equilibrio como si consistiera en que ambos cedan exactamente lo mismo.

No creo que las relaciones funcionen así.

Hay semanas en las que quizá el introvertido tenga energía suficiente para acompañar a su pareja a una comida familiar, a una cena con amigos y a un cumpleaños.

Y habrá otras en las que simplemente necesite descansar.

Del mismo modo, habrá momentos en los que la persona extrovertida entienda perfectamente que su pareja necesita pasar una tarde tranquila sin hacer absolutamente nada.

Las relaciones no son una hoja de cálculo.

No funcionan contando quién ha cedido más veces.

Funcionan cuando ambos dejan de medir constantemente y empiezan a comprender las necesidades del otro.

Hablar de la energía evita muchas discusiones

Hay una conversación que pocas parejas tienen.

No hablan sobre cómo recuperan energía.

Hablan de planes.

De horarios.

De compromisos.

Pero no de lo que ocurre después.

Recuerdo haber explicado alguna vez algo que para mí era completamente normal: después de un día especialmente intenso necesito un rato de silencio antes de volver a hablar con nadie.

No estaba enfadado.

No necesitaba solucionar ningún problema.

Simplemente necesitaba bajar el ritmo.

Hasta que no lo expliqué, la otra persona interpretaba ese silencio como distancia.

Y es lógico.

Si nunca has vivido la introversión desde dentro, es fácil pensar que quien busca estar solo lo hace porque algo va mal.

Por eso ponerle nombre a estas diferencias cambia muchas relaciones.

Cuando entiendes que tu pareja no está alejándose de ti, sino recuperando energía, desaparecen muchas discusiones que nunca deberían haber existido.

El introvertido también tiene que hacer un esfuerzo

Llegados a este punto podría parecer que toda la responsabilidad recae sobre la persona extrovertida.

No es así.

Los introvertidos también cometemos errores.

A veces utilizamos nuestra necesidad de tranquilidad como excusa para aislarnos demasiado.

O damos por hecho que nuestra pareja debería entendernos sin necesidad de explicarnos.

No funciona.

Las personas no pueden adivinar lo que ocurre dentro de nuestra cabeza.

Si necesitas una tarde para desconectar, dilo.

Si sabes que una reunión familiar de cinco horas te dejará agotado, explícalo antes.

No esperes a mostrarte irritable cuando ya no puedes más.

La comunicación evita muchos conflictos que el silencio solo consigue agrandar.

Las diferencias también pueden ser una ventaja

Carl Jung decía que tendemos a sentirnos atraídos por personas que complementan aspectos de nuestra personalidad. No ocurre siempre, pero es una idea interesante.

Con el tiempo he visto muchas parejas en las que esa diferencia termina siendo una fortaleza.

La persona extrovertida anima a la introvertida a salir de su zona de confort de vez en cuando.

La introvertida ayuda a la extrovertida a descubrir el placer de bajar el ritmo y disfrutar de momentos más tranquilos.

Los dos amplían su mundo.

No porque cambien su personalidad.

Sino porque aprenden otra forma de vivir.

Creo que esa es una de las cosas más bonitas que puede aportar una relación.

No convertirte en alguien diferente.

Sino ayudarte a descubrir partes de la vida que quizá nunca habrías explorado por tu cuenta.

El objetivo no es parecerse

Cuando alguien me pregunta si una relación entre un introvertido y un extrovertido puede funcionar, siempre pienso que la pregunta está mal planteada.

La cuestión no es si puede funcionar.

La cuestión es si ambos están dispuestos a dejar de interpretar las diferencias como defectos.

Una pareja no necesita dos personas iguales.

Necesita dos personas que comprendan que existen formas distintas de sentirse bien.

Quizá tú necesites una tarde de silencio para recuperar energía.

Quizá tu pareja necesite una comida con amigos para hacer exactamente lo mismo.

Si ambos entienden que ninguna de esas necesidades es un ataque contra el otro, muchas discusiones desaparecen antes incluso de empezar.

Porque al final convivir con alguien no consiste en conseguir que funcione como tú.

Consiste en aprender a querer a una persona que, precisamente porque es diferente, puede enseñarte una forma distinta de mirar el mundo.

soy introvertido

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