Un joven extrovertido y uno introvertido entran en un bar (y no, esto no es un chiste).

Es sábado por la noche y el sitio está completamente lleno.

Una grupo de música está tocando de fondo en el escenario, docenas de personas están hablando en tono de voz elevado mientras beben cervezas, y es todo muy ruidoso.

El extrovertido se aprovecha de esta situación y se entusiasma.

Él ve oportunidades por doquier – una desconocida atractiva en el bar, amigos a los que puede hablar, y la oportunidad de hacer de las suyas y divertirse.

Camina hacia el grupo de sus amigos, choca los cinco con uno de ellos y pide una cerveza.

El introvertido mira la situación de manera diferente.

Se queda dubitativo por unos momentos, mira al rededor, internalizando lo que ocurre.

Luego, camina tranquilamente hasta el grupo de sus amigos y espera a que alguno de ellos lo reconozca antes de hablar.

Se siente un poco abrumado, hundiéndose en todo ese ruido y actividad, pero se dice a sí mismo que debe relajarse.

Se supone que esto es divertido.

Y el introvertido si se divierte por un rato.

Se toma una cerveza y se pone al día con un amigo que no había visto desde que estaba en la universidad.

Hasta incluso baila un poco cuando el grupo toca su canción favorita.

Pero esto no dura mucho. Pronto, el introvertido se cansa.

No cansado de “ahora me vendría bien una siesta”, pero realmente cansado.

Su cerebro se ha hecho papilla.

Tiene problemas para hablar grandes conversaciones.

Su cuerpo entero se siente físicamente fatigado.

Está teniendo una resaca de introvertido.

Le echa un vistazo al extrovertido, que está tomando copas con un par de rubias que aparentemente acaba de conocer.

El extrovertido no presenta ningún signo de que quiera descansar – de hecho, parece más energizado que antes de haber llegado.

¿Por qué los introvertidos se agotan más al socializar que los extrovertidos?

Los introvertidos y los Extrovertidos están programados mentalmente de forma distinta.

Por supuesto que este ejemplo de “introvertido y extrovertido en un bar” es una generalización.

No todos los extrovertidos pasan sus fines de semanas en fiestas en el bar y a veces los introvertidos salen de fiesta también.

Todos actuamos de forma introvertida en momentos y en otros momentos de forma extrovertida.

Según Carl Jung, el fundador de la psicología analítica, no existe algo así como un introvertido o extrovertido “puro”.

Todos formamos parte de una escala gradual de introversión/extroversión.

Y, según unos estudios recientes, la socialización es agotadora para todos eventualmente.

Los investigadores encontraron que tres horas después de socializar, los participantes reportaron altos niveles de fatiga.

Sorprendentemente, estos efectos encontrados resultaron ser verdaderos tanto para introvertidos como extrovertidos.

Esto tiene sentido porque la socialización gasta energía. Tú tienes que hablar, escuchar y procesar lo que se te está diciendo, entre otras cosas.

De todos modos, hay algunas diferencias muy reales entre los introvertidos y los extrovertidos, y estas diferencias se encuentran en cómo estas personas responden a las recompensas.

Las recompensas son variadas y pueden ser entre otras cosas, obtener el número de teléfono de un completo extraño, ser ascendido en el trabajo, o incluso comer una cena deliciosa.

Según los expertos, los extrovertidos tienen un sistema de recompensa de dopamina más activa que los introvertidos.

La dopamina es un neurotransmisor, y ayuda a controlar los centros de placer y recompensa del cerebro.

Al tener un sistema de recompensa de dopamina más activo significa que los extrovertidos se energizan y entusiasman más con la posibilidad de recompensa que los introvertidos.

Entonces, los extrovertidos están más motivados a, por ejemplo, comenzar una conversación con un extraño o pasar el tiempo en un bar hasta que llamen a la última ronda.

Por supuesto que a los introvertidos les importan las relaciones interpersonales, comer y adelantarse con el trabajo también.

Pero, para decirlo más claramente, los introvertidos no están sólo interesados en obtener sólo las cosas que los extrovertidos persiguen.

Al tener un sistema de recompensa de dopamina menos activo, los introvertidos pueden llegar a encontrar que ciertos niveles de estimulación, como el ruido o la actividad, suelen ser muy agotadores.

Esto explica porque el introvertido cuando sale a un bar por ejemplo, se divierte durante un rato pero luego se siente agotado cuando recibe demasiada estimulación.

¿Es malo que no les importe la recompensa demasiado?

Los introvertidos no buscan recompensas del mismo nivel que los extrovertidos.

¿Es eso malo?

En mi opinión, no necesariamente.

Todos tenemos ese amigo que ha salido de fiesta demasiado y ha pagado el precio.

O aquel amigo que se ha enfocado tanto en adelantarse a la vida que se ha convertido en un adicto al trabajo, comprometiendo así su salud y sus relaciones interpersonales.

Estas son personas que persiguen las recompensas firmemente.

Los introvertidos, en vez de buscar una posición exterior, tienden a buscar en su interior.

Ellos eligen un tema simplemente por el sólo placer de aprender algo nuevo.

En lo que respecta al trabajo, buscan algo más que un simple sueldo a fin de mes.

Desean profundidad e intimidad en sus relaciones, una conexión que es de mente a mente y de corazón a corazón.

Esto no quiere decir que todos los extrovertidos son superficiales y que los introvertidos son profundos.

No es todo tan blanco y negro.

Muchas veces, los extrovertidos buscan actividades tranquilas, de recompensas intrínsecas y otras veces los introvertidos buscan obtener un status y otras recompensas externas.

Yo diría que una vida saludable y exitosa para cualquier tipo de persona incluye una mezcla de la forma de ser de los introvertidos y los extrovertidos.

Si preguntas a personas introvertidas que te hablen sobre las cosas que los motivan y los energizan, generalmente será actividades discretas, como un viaje al centro comercial solos, una conversación profunda con un amigo, terminar un buen libro, o expresarse ellos mismos a través del arte.

Si no fuera por el sistema de recompensa de dopamina menos activo de los introvertidos, éstos no harían estos tipos de cosas.

La manera de actuar de los introvertidos no se trata de perseguir recompensas, sino de encontrar significado.

 

Imagen via Shutterstock

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